yendo los saurios

miércoles, 3 de mayo de 2006

franchute avoir faim!

El tipo sabe que yo cocino bien. Lo sabe desde la primera vez que se emocionó hasta las lágrimas frente a una costeleta, aunténtica costeleta argentina a la plancha. Con puré y ensalada, el pure con nuez moscada. El gringo no podía creer lo que veían sus ojos, lo que olía su nariz y lo que saboreaba su boca. Comió como un huérfano.

Y yo, bueno, yo en mi reconocido afán madreteresístico, no le niego un plato de comida a nadie, y menos a estos gringos que llegan con una mano atrás y otra adelante, viste, con frío, con hambre, que no juntan monedas ni pal bondi.

La mayoría cree que estos gringos universitarios que nos visitan vienen con euros, que triplican acá lo mucho o poco que tenga ahorrado en la cuenta bancaria. Pero no, nada más errado, algunos de estos pibes parece que huyen de la guerra, como mis abuelos inmigrantes, de polizones en el barco, a pan y queso por 3 meses.

Otra vez apareció con la parentela que venía a visitarlo (recuerdo... mi abuelo vino primero a estas tierras, luego mandó a buscar a la nona y a los críos). Sí, vino su hermana y su cuñado, de humilde paseo por estas generosas tierras. Al finalizar una tarde de mates y mercado de pulgas (marché aux puces, que le dicen), propongo continuar la amena jornada en casa, pedimos unas pizzas, unos porrones. Pero no, el gringo ya me tiene calada, sabe que yo cocino bien... "Sauria, hacete unos fideos, dale, hace ya 3 días que comemos pizza". Y en mi humanitaria generosidad y amor al prójimo, preparo una salsa bolognesa que raja la tierra, eso sí, los fideos no son amasados, a las 10 de la noche ya estaba cerrada la fabricación artesanal de pastas que pudiera surgir de mis dedos.

Los gringos, otra vez emocionados ante el plato de caliente alimento del alma, le entran a los fideos sin tregua ni descanso, mojando con voracidad el pan en la salsa, llenando de alegres migas y manchitas rojas mi mantel de patitos. Al finalizar la noche y luego de 3 platos consecutivos, el cuñado de mi amigo, gringo de campo adentro en sus pampas gringas y que no sabía ni saludar en español, gritaba emocionado "Salsa! salsa!" o bien "fideos, gracias, cocinera, fideos, cocinera, gracias!!" estrechando sus manos en las mías, con el agradecimiento en sus ojitos brillosos...

Y bueno, a mi me enternecen, pensar que mis abuelos tenían el mismo hambre que estos cristianos. Y que Perón les mandaba los barcos con cereales, abriendo las puertas del "granero del mundo" para alimentar a los gringos convalescentes de tanta guerra. Mi casa toma el ejemplo, para convertirse, 50 años después, en una casa bien peronista. La historia se repite, qué se le va a hacer...


PD: Gringos, espero que cuando yo me instale con mis petates, una mano adelante y otra atrás en vuestros gringos países, no me traten con la hospitalidad de un Aznar o de un Chirac...

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